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Córdoba, el vientre de la rebeldía

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La hoguera tucumana

Así como hay una nueva topografía en los movimientos sindicales urbanos, con ocupación de calles y la presencia permanente del activismo en los locales sindicales también en el interior agrario hay modificaciones relevantes. La ocupación de fábricas y facultades, de rutas y propiedades agrarias, forman el paisaje cotidiano de un Tucumán convulsionado.

La horguera tucumana.La industria azucarera concentra el mayor número de sindicatos de la provincia, seguidos por más de cincuenta de menor tamaño, pertenecientes en su mayoría al sector servicios. Reconocida como un fortín justicialista, a pesar de las enconadas luchas de los 50 contra las medidas del segundo Perón, fue el lugar de convocatoria para el Plan de Lucha de la CGT lanzado por la conducción del textil José Alonso, de Buenos Aires, quien en 1964 convoca en el Club Luján a las 62 de Pie junto a Perón, un enroque destinado a tomar distancia y alimentar su propia influencia respecto de Vandor.

Estos sindicalistas reciben masivamente y con algarabía al general Juan Carlos Onganía el 9 de Julio y, días después, en el mismo mes, la decisión de Salimei de cerrar l6 ingenios azucareros, dejando en la intemperie a doscientas mil familias que dependían.

Las luchas callejeras se expanden y consolidan, uniendo a obreros desocupados, estudiantes de la intervenida Universidad Tecnológica Nacional y, poco después, la franja de obreros temporarios que inventa el onganiato en el llamado Operativo Tucumán.

El cuadro de inactividad económica no se modifica con el arribo de algunos rubros que gozaban de prerrogativas fiscales y bancarias (textil, electrónicos, embotelladoras, procesadoras citrícolas).

El sindicalismo se renueva en condiciones ahora críticas, siempre nucleados en torno a la FOTIA, que estaba prácticamente el comando de la CGT local. Ocupan el primer plano los dirigentes que se habían fogueado en la lucha de surco, talleres y sindicatos pobres. Benito Romano, Raúl Zelarayán, Isauro Arancibia, Leandro Fote, etc., reemplazan a los Aguirre o Aparicio, ocupando lugares centrales en los gremios de azucareros, docentes, gráficos, ferroviarios y lucifuercistas.

Igualmente, la lucha estudiantil de los sectores reformistas y humanistas, teñida por la oposición laicos-libres, es absorbida por corrientes cuyo centro de interés se desplaza del campo universitario a la condición obrera y de los sectores populares. La FUA y su expresión local, la FUN, son casi olvidados por la el empuje y el afianzamiento de centros independientes --así denominados- que simpatizaban con un socialismo de signo nuevo. En ello se basa la confluencia, a fines de los 60, en la CGT de los Argentinos, de obreros y estudiantes que funcionan física y simbólicamente en el local de la FOTIA.

Así como hay una nueva topografía en los movimientos sindicales urbanos, con ocupación de calles y la presencia permanente del activismo en los locales sindicales, también en el interior agrario hay modificaciones relevantes. Las localidades acompañan la protesta sindical por las fuentes de trabajo perdidas y por la casi nula compensación del Operativo Tucumán, desplazándose sobre las vías de acceso a la capital provincial. Estas luchas tienen, también, formas cada vez más violentas, pues son reprimidas incluso con armas de fuego. La muerte en las calles de Bella Vista de Hilda Guerrero de Molina constituye el paradigma de los sacrificios a los que se expone el nuevo Tucumán.

Paralelamente, los sectores medios y chicos de cañeros independientes, nucleados en la UCIT --dato de importancia para comprender su comportamiento en relación al sector industrial concentrado en la CAR-- son arrojados a la crisis, produciéndose una confluencia con obreros y estudiantes jamás conocida. Ni las esporádicas reuniones del decenio anterior se asemejaron a la vitalidad espontá nea y sólida que emerge en este período.

La ocupación de fábricas y facultades, de rutas y propiedades agrarias, forman el paisaje cotidiano de un Tucumán convulsionado. Sin embargo, en ningún caso puede atribuirse estos hechos a presiones externas de tipo ideológico, político o religioso. Al contrario, el nuevo marco en que se inscriben los dirigentes emergentes se subordina al criterio de la "unidad en la lucha", que es bandera de la hora.

Los dos "tucumanazos", que cubrieron gran parte de la capital provincial de barricadas estudiantiles con apoyo popular --incluído los aledaños universitarios--, no obstante la muerte del estudiante Victor Villalba, de origen salteño, ocurrida en la Quinta Agronómica, cierran la década, mientras comienza la búsqueda de una salida electoral por parte de la Revolución Argentina.

Héctor Marteau


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