Revista Los '70 
Revista Nº3

El  Cordobazo

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Carta al Lector

El 29 de mayo de 1969 estalló Córdoba. Ese día la acción directa de los obreros industriales -verdadero músculo de la rebelión-, apoyados por toda una ciudad, condensó en unas pocas horas una larga acumulación de experiencias prácticas y de ideas políticas que se fundieron para darle una nueva forma al protagonismo social.

Si hay un hecho que puede resumir la estética de los 70, ese hecho es el Cordobazo. Todo lo que hay de irreductible a la institucionalización, de fugaz, transitorio, inacabado en el proceso político de esos años, estará anticipado en ese día inolvidable.
El Cordobazo fue puro movimiento, acción, riesgo, asumidos de cuerpo presente por sus protagonistas. Es lo que el mexicano Jaime Labastida llamará después "la estética impura de la acción".
La tarde del 29, los manifestantes descubrieron con asombro que la ciudad era suya. Esa apropiación tuvo un doble contenido: se destruyó todo lo que representaba opresión e injusticia social -sedes de las compañías transnacionales, edificios militares, IICANA, la Confitería Oriental- pero se preservaron celosamente la propiedad de los vecinos y los edificios públicos que no eran símbolos de represión y autoridad.

Ese día, un numeroso grupo de obreros y estudiantes le prendió fuego a las oficinas de la compañía estadounidense Xerox, en la Avenida Colón. Pero cuando las llamas amenzaban envolver todo el edificio y, por lo tanto, a las viviendas de los pisos superiores, la angustia ganó a los manifestantes.
Una rápida asamblea de barricada decidió enviar una delegación hasta la sede de los bomberos, en el propio barrio Clínicas, a una cuadra de la Plaza Colón y al lado de la seccional Tercera. La seccional y los bomberos se habían encerrado a cal y canto, de modo que los enviados golpearon la puerta de la Tercera y a los gritos explicaron la situación a los policías.

Poco después, los manifestantes y periodistas que habían quedado a la espera frente a Xerox, vieron llegar el temible Neptuno conducido por los bomberos de la policía y rodeado por estudiantes y obreros que le abrían paso con improvisadas banderas blancas. Las crónicas recuerdan la algarabía general de ese momento y que, después, cuando el Neptuno hubo apagado el fuego, una lluvia de piedras lo redujo a chatarra.
La violencia y la solidaridad fueron la pulsión del Cordobazo.


Mas artículos N º 3: I Carta al lectorI Córdoba Insurgente, por Angel Stival y Juan Iturburu I CGTA: Un Polo de Unidad Antidictatorial, por Carlos Eichelbaum I Un Nuevo Ciclo de Luchas Obreras, por César Altamira


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