Revista Los '70
Revista Nº7

  El Guevarismo en la Argentina

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LOS NUEVOS PARADIGMAS

El contexto histórico, las causas, rupturas y continuidades de la situación latinoamericana durante el surgimiento del guevarismo. La nota en revista incluye la palabra de José G. Vazeilles, delegado del Movimiento de Libaración Nacional para la Tricontinental, que nucleó al flujo revolucionario y desconolizador de aquella época.

El Guevarismo en la ArgentinaLa Revolución cubana se proyecta como referente de un movimiento mundial que rompe con los paradigmas teóricos de la izquierda en sus diferentes vertientes, tanto con la línea oficial de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética como con la Internacional Socialista o Trotskysta La lucha armada y el carácter socialista del proceso revolucionario cubano son los trazos gruesos en una construcción que da señales nuevas en diferentes planos, políticos, económicos y filosóficos, proyectando su influencia hasta nuestros días.

En este proceso, el Che Guevara despliega un protagonsimo tal que su nombre se instala como símbolo de renovación. Desde la primera experiencia socialista triunfante en América latina, el Che define su concepción de la revolución en su disucrso de apertura en la Conferencia Tricontinental ..."no hay más reformas que hacer, o revolución socialista o caricatura de revolución."

Así, aporta y conceptualiza la planificación socialista en Cuba y da el debate desde ese posicionamiento con lo más encumbrado de la tecnocracia imperialista en la Conferencia de Estados Americanos en 1962 reunida en Punta del Este. Desde la crítica socialista, el Che confronta contra la Alianza para el Progreso lanzada por el Presidente Kennedy. Más tarde aparecerá en la Conferencia de Argelia terciando con una propuesta de desarrollo para los países del Tercer Mundo. Abre un debate con los teóricos soviéticos sobre los aspectos técnicos de la planificacións socialista, e incorpora el valor de la mística popular en la construcción del socialismo al poner el eje en los estímulos morales. En todos los planos de su producción el Che apunta hacia principios abiertos: la descentralización en la planificación socialista, el humanismo en los escritos económicos. Hasta su planteo político militar, por su propia estructura, genera el liderazgo dentro de la horizontalidad, una práctica de organización opuesta al esquema cerrado, jerarquizado y burocrático, que era propio de los Partidos Comunistas de tradición stalinista.

EL CUADRO LATINOAMERICANO

Cuba y el pensamiento guevarista son el emergente triunfal de un proceso revulsivo que abarca a todo el mundo periférico, expresa un movimiento de ascenso social que en todas partes pugna por romper los corsé de la guerra fría. En su búsqueda de hegemonizar la posguerra, los EEUU combinan la Alianza para el Progreso con el apoyo de las dictaduras militares (formación de cuadros, asesoramiento o intervención directa como en Santo Domingo y el hotigamiento a los pocos gobiernos democráticos que sobreviven, forma residual de viejas expectativas de ascenso de las burguesías regionales.

defender con el sectarismo y la virulencia carecterística.

Frente a los EE.UU., Cuba se suma a China y Argelia, los únicos países de la Historia inmediata que conquistaron el derecho a elegir su propio destino. Y los tres abren y sueltan su gesta a través de la lucha armada. La resistencia vietnamita, confrontando en forma directa con la mayor potencia militar capitalista, completa el cuadro de los referentes del movimiento revolucionario.

Por esto, aunque el fenómeno cubano viene a dar cuenta de la posibilidad del socialismo en América y replantea toda la discusión sobre el imperialismo y dependencia, será otro el aspecto que cobre mayor signifciación: la lucha armada como método conducente en la construcción del socialismo.

"Hemos demostrado –dice el Che—que un grupo pequeño de hombres decididos y apoyados por el pueblo y sin miedo a morir ...pueden llegar a imponerse a un ejército regular".

Cuba niega, por vía de los hechos, dos aspectos centrales de la estrategia de los partidos comunistas de la región: su pacifismo, hijo de la extrapolación de la coexistencia pacífica URSS/EEUU y aliados y lo que se dio en llamar su concepción etapista de la revolución, su afirmación de que el pueblo sólo accedería a la lucha por el poder socialista después que las burguesías nacionales completaran la revolución democrático burguesa.

La violencia institucional, el golpismo y la precariedad de las democracias americanas confluyen para reafirmar los postulados cubanos. No extraña, entonces, que en todos los agrupamientos –tanto nacionalistas como de izquierda—de Amércia se porduzcan polémicas y rupturas identificadas con los planteos del Movimiento 26 de julio y el Che.

En la Conferencia Tricontinental contra el Imperialismo, La Haban, 1966, la asistencia de representaciones de Gobierno y de organizaciones de 82 países indica una proyección continental del proceso.

En los países de estructura agraria y tradicionales movimientos campesinos, los nuevos grupos surgen como guerrilla rural y con arraigo en el proceso popular extenderán su acción hasta los noventa (Nicaragua y El Salvador). Tras la Tricontinental, el rasgo distintivo de la nueva oleada será el surgimiento de la guerrilla urbana y su consolidación como una de las referencias del proceso político en los 70.

El MIR en Chile, Tupamaros en Uruguay, Marighela y Lamarca en Brasil señalan un desplazamiento del conflicto hacia los grandes centros fabriles y/o las grandes capitales.

En los grandes centros, las nuevas formas de desarrollo, lo nuevos términos de intercambio entre América y el imperialismo, cobran su dimensión humana: la masa de nuevos trabajdores industriales, multitudes de estudiantes emergiendo de los sectores medios y obreros. Como rémora queda, la rutina de viejas dirigencias incapaces de dar cauce político a estas transformaciones.

EL ESCENARIO ARGENTINO

En Argentina los golpes militares o simplemente el chantaje cercenan y envelecen los derechos democráticos. El gobierno de Arturo Illia, que había llegado al gobierno con el 23% de los votos tras la proscripción del Justicialismo, abre cauce a una mayor participación social, en medio de tomas y movilizaciones. Un golpe instala a Onganía.

En estas condiciones, Cuba es una señal y una esperanza. John William Cooke, referente de la resistencia peronista y combatiente contra la invasión yanky a Bahía de los Cochinos, personifica la confluencia.

Por ello, Uturuncos y Taco Ralo no pesan tanto por su intencionalidad rural sino porque simbolizan una respuesta difertente a la exclusión político-social desplegada desde la Libertadora, el Conintes y las proscripciones.

En todas las vertientes de militancia involucradas: cristianismo, PC, peronismo y trotskismo, el proceso cubano resultará catalizador de diferentes confrontaciones.

En el PC, los aspectos básicos de ruptura serán su pacifismo y etapismo, de modo que en los sectores que se fracturan hacia posturas guevaristas (FAL, FAR) la lucha armada y el socialismo constituirán sus banderas distintivas.

Otro eje, la caracterización del peronismo, será saldado por FAR en su confluencia con Montoneros. En las corrientes trotskistas, la disputa se desarrollará en dos planos: la acción de masas como condición de una propuesta política (Praxis) y la lucha armada (PRT). El surgimiento del PRT-ERP saldará la cuestión militar con una postura más identificada con la estrategia vietnamita que con el guevarismo clásico. Si bien el PRT reconoce las peculiaridades argentinas: desarrollo industrial y urbano, la magnitud del movimiento obrero industrial y la escasa incidencia social de los movimientoos rurales, su accionar político militar tiene su base en su concepción de la guerra antes que en las formas de lucha y conciencia que en cada momento va tomando el movimiento social. El retorno a la democracia pondrá en su punto más dramático esta disociación.

En el caso del cristianismo, algunos grupos, luego constitutivos de Montoneros, asumen tempranamente la violencia con acciones de disuasión y lucha política (así fueron caracterizadas las muertes de Aramburu, Vandor, Mor Roig). El peronismoes identificado como el continente político socia de este proceso, en el que Montoneros se reconoce como un sector particular.

En el caso del peronismo, los coletazos del guevarismo irrumpirán en la forma de un cuestionamiento de la inorganicidad de la resistencia y al verticalismo: la tendencia revolucionaria, el Movimiento Revolucionario Peronista, serán momentos de esta búsqueda de estructurar su tradición de lucha.

Antes que una cuestión teórica, la violencia es para el peronismo su experiencia de militancia. La proscripción, los fusilamientos, la clandestinidad, la exclusión son parte constitutiva de la resistencia, por lo que el guevarismo introducirá desde una demanda nunca resuelta: la falta de una estructura y conducción estratégicas.

La independencia y el vigor que caracterizan al proceso socia después del Cordobazo, extienden la polémica sobre lucha armada y socialismo hasta ya entrados los 70 con nuevos reagrupamientos. En cada uno pujarán por encontrar expresión los nuevos actores sociales de la década: los trabajadores metalmecánicos, la masa enstudiantil.

Montoneros, sus organizaciones de superficie (JTP, JP, MVP, milicias) y su aprovechamiento de la institucionalidad democrática hegemonizarán, desde los sectores medios, el espacio peronista. En la izquieda, nuevas organizaciones intentarán retomar la violencia desde una organicidad y conciencia obreras y –sobre todo—desde una nueva lectura de los movimientos populares. Ese ya es el tiempo de las Coordinadoras: otro hito en la historia de las luchas populares.

Mario Burgos


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