Revista Los '70
Revista Nº 8

                  El Clasismo

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"QUERIAMOS PARTICIPAR Y ENTENDER LA POLITICA"

Entrevista con Carlos Masera, ex secretario general del Sindicato de Trabajadores Mecánicos de Concord.

El Clasismo--¿Cómo empezó tu militancia en Fiat?

--Comencé el 23 de Marzo de 1970. En esa época, la patronal elegía a los dirigentes sindicales. Infinidad de compañeros combativos habían trabajado para imponerle a la empresa direcciones elegidas por los trabajadores, pero cada vez que se movilizaban los rajaban del trabajo. Mi lucha empezó como una oposición frente a la hipocresía de la empresa, que editaba una revista en la que nos decían que éramos "La Familia Fiat", todos muy lindos muchachos, pero en el fondo no se respetaban las leyes vigentes. Yo creía que Fiat engañaba a los dirigentes gremiales nacionales y al gobierno. Después la lucha me demostró que no, que eran todos una sola cosa, la empresa, los burócratas y el estado capitalista.

Por eso Sitrac-Sitram, al no aliarse con los ortodoxos ni con los legalistas, tuvo que plantear la visión que tenía en ese momento, que habrá sido pobre --porque de golpe gente como yo tenía que empezar a entender la política--, los argumentos pueden haber sido pobres, pero eran puros. Se siguió con la misma tesitura hasta el final, no le íbamos a ganar a Fiat pero al menos le dejamos bien marcada nuestra historia.

--¿Comenzaron enfrentando a la conducción de Lozano?

--Es una larga historia. En1965, cuando yo ingresé a Fiat, había un grupo de luchadores radicales religiosos, que pertenecían a ATSA, un sindicato ligado a la Iglesia. Ellos trataban de desarrollar un sindicalismo paralelo al del peronismo. Cuando asumió Solá como ministro de Trabajo le canceló la personería jurídica a la UOM y se la dio al Sitrac. Los de ATSA pasaron a ser automáticamente los dirigentes.

En esa época surgió un conflicto laboral por un convenio que había de por medio. Fiat no cedió ni un palmo, la lucha se acrecentó y entonces la alianza Vandor-Fiat trajo de Buenos Aires a unos 70 dirigentes de primer nivel: Imbelloni, Navarro, Del Valle Aguirre, Montealegre, etc. Los trabajadores no sabían por qué estos tipos habían venido acá. Se trepaban a las tribunas, tenían discursos muy elaborados, eran profesionales del sindicalismo. El resultado fue que estimularon tanto la lucha que la condujeron a la derrota.

Se tomó la fábrica desde la calle, la empresa nos esperaba con la guardia bien armada y la toma fue un fracaso. Finalmente, ya con la fuerza muy disminuida, se decidió aceptar lo que FIAT proponía.

 

--¿Qué pasó con los sindicalistas que dirigían Sitrac?

--Los echaron a todos, aunque Sitrac retuvo la personería. Fiat trajo entonces a Lozano, que se hizo cargo del gremio. A partir de allí y entre 1965 y 1970, en Fiat se aplicó el convenio de la UOM. En 1970 ya era el colmo: Fiat era la empresa que menos pagaba en la industria automotriz argentina. Ese año, cuando se elaboró el convenio la conquista más grande fue un pan de jabón y un rollo de papel higiénico.

 

--¿Qué actitud tomó el sindicato ante estos hechos?

--Aceptó lo que Fiat proponía. Pero por ley tenía que homologar el convenio para demostrar que los trabajadores estaban de acuerdo. Muy confiados en su poder y en la apatía nuestra, llamaron a una asamblea en el comedor de la fábrica. Allí había tres mil trabajadores que estaban con muchas ganas de que la situación cambiara, con mucha bronca contra los dirigentes. El grupo de Lozano tenia 30 afiliados y sólo podía conducir la asamblea alguien que estuviera afiliado al sindicato. Se propuso que la presidiera compañero Clavero. Como de costumbre, Lozano dijo: "Lo siento compañeros, pero Clavero no es afiliado al sindicato". En ese tiempo había ingresado un chico muy aventurero, Martín Fo, que terminó siendo famoso porque tenia la manía de ir a tomar café con el jefe de policía. Estaba afiliado al sindicato y presidió la asamblea.

 

--¿Qué sucedió entonces?

--Fue un desorden total. Lozano decía que había que aceptar el convenio, que en Fiat se estaba garantizando la estabilidad del trabajo, que no convenía luchar por unas monedas más. Esta postura era rechazada por la mayoría de la gente. Se peleaba para que nos equipararan con Renault. La conducción vieja tenia miedo, ya que al no presidir ellos perdían el control de la asamblea. Trataron de despelotarla y lo lograron.

Hasta ese momento yo no me había metido en política, pero me pareció tener una idea salvadora: pedí la palabra, subí a la tribuna, me puse muy colorado y temblaba.

Era evidente que los compañeros no querían a la conducción sindical, pero había que tener claro que los que asomaran la cabeza en la lucha iban a ser despedidos al otro día. Por eso había que buscar formas de organización para que cuando tocaran a uno respondiéramos todos. De modo que propuse que se eligiera una comisión que suplantara la anterior.

Terminé mi discurso con muchos aplausos, me veían como a un tipo que podía manejar los hilos. Sucedió que después vino un compañero con el estatuto en la mano, diciéndome que lo que yo planteaba no se podía hacer. Que para cambiar las autoridades del Sindicato se debía hacer una convocatoria con 15 días de anticipación y con la firma del 10 por ciento de los afiliados. Y eso no se podía hacer porque los afiliados eran todos de Lozano.

Yo insistía en que alguna forma debía haber para salir de todo eso. Propuse que por encima de la legislación nosotros podíamos ser más fuertes y que eligiéramos una comisión provisoria, que en vez de suplantar a la comisión actual se dedicara a hacer los trámites legales para revocar el mandato. La moción fue aceptada, se formó la Comisión Provisoria, de la que yo participé, y nos dedicamos a hacer la tarea legal de cambiar los dirigentes. Felizmente eso produjo una fuerza y un apoyo de la gente que después fue imposible tocar.

Empezamos a afiliar a compañeros y de los 30 que había pasamos a ser 2.000.

 

--¿Cómo siguió el proceso después de la caída de Lozano?

--Hubo muchos cambios. Por ejemplo, ellos tenían una oficina pegada a la del Jefe del Personal, donde jugaban al truco, algunos de los delegados prestaban plata, imaginate cómo eran vistos éstos dirigentes... Cuando nos hicimos cargo nosotros, caminábamos la planta, hablábamos todo el tiempo con los compañeros. Yo me esforzaba por demostrar que era un trabajador más, había una lealtad de clase y eso se veía claro. Los compañeros de la Comisión Provisoria vivían --y aún siguen viviendo-- muy humildemente. Hay una cosa que siempre me llamó la atención: si bien los obreros no tienen tiempo de hacer análisis intelectuales, tienen intuición para distinguir quiénes lo traicionan y quiénes no.

 

--¿Cómo se va plasmando la idea de clasismo dentro de Sitrac?

--Al día siguiente de haber triunfado con la toma, llegaron varios intelectuales de izquierda para saber qué pasaba. Los obreros estábamos en pañales y ellos tenían capacidad de asesoramiento, por lo que empezó a haber un contacto permanente con ellos. Alguien de los que se acercó mencionó el clasismo. Yo tenia un dilema, venía del peronismo y había militado cuando trabajaba en IAME, pero con la traición de la burocracia sindical buscaba una alternativa que no sabía cuál era, porque no la había. Cuando escuché la palabra clasismo me pareció que se ajustaba a lo que pensaba. Era defender una clase, me daba cuenta de que la sociedad se dividía en clases. Un día un periodista me preguntó en la televisión si éramos trotskistas o marxistas, y yo respondí "No, nosotros somos clasistas", sin tener otra claridad.

Así nació. Pero, anteriormente, Gregorio Flores había definido que por más reivindicaciones que le planteáramos a la gente siempre íbamos a ser explotados, porque la lógica del capital es la ganancia a costa de los obreros, y que la única manera de terminar con la explotación era terminar con el capitalismo. No nos definíamos por ningún partido, ni a favor del socialismo marxista o cristiano, pero lo definíamos como una forma de acabar con la explotación y la opresión de los trabajadores.

Nosotros éramos independientes de los partidos, pero éramos políticos. Queríamos participar y entender la política, no nos queríamos inhibir de ella. La intención de plantear el clasismo era asumir que éramos la clase dominada y que queríamos defender los intereses de esa clase. Y a lo largo de las discusiones con los intelectuales, se fue profundizando la idea del clasismo.

María Eugenia Etkin


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