Revista Los '70
Revista Nº 10

La marea estudiantil
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Un relámpago en la oscuridad

La conformación de los Cuerpos de Delegados en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y la aprobación de la consigna de Guerra Popular Prolongada frente a un régimen dictatorial en plena crisis. La nota en revista incluye el testimonio de Ernesto Villanueva, Rector de la UBA en 1973, que fue preso y luego se exilió en Europa. Además entrevista con Juan Carlos Kreyness, presidente de la FUA, en 1972, y secretario general del Consejo Nacional de Federaciones y Centros, que presidía Miguel Talento.

Pintada en la Facultad de FilosofíaEl 18 de octubre de 1971, tras un debate de casi cinco horas, una asamblea de 2500 estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de Bs. As., aprueba la Guerra Popular Prolongada.
La resolución, difundida por sendas páginas en "La Opinión" y el diario "Crónica" cierra un debate nacido en el '69 y abre una etapa en el proceso de politización del estudiantado porteño proyectando su influencia a través del fin de la dictadura y la primavera democrática hasta el golpe de Videla.
No es tarea fácil describir qué fuerzas se movían en la Argentina de aquellos tiempos para entender por qué el organismo más representativo dela Universidad de Buenos Aires evaluó, debatió, polemizó y "decidió" cómo continuaría la lucha antidictatorial de todo el pueblo argentino y -en consecuencia- cómo se insertaría en estas luchas el activismo porteño.

UNA DICTADURA QUE SE DESINFLA SIN DEMOCRACIA A LA VISTA
El vivorazo y la agudización de las luchas en el seno del gobierno dictatorial demarcan de manera clara la transitoriedad del Proceso de Reorganización Nacional. No sólo comenzaba a quedar claro que la dictadura no podía descabezar la "vívora de la resistencia". La magnitud de los cambios socioculturales que se iban produciendo a pesar y a contramano de los objetivos del onganiato, ponían al orden del día el diseño de la sociedad postdictatorial.
En los gremios y la universidad cada lucha era analizada no sólo en función de sus objetivos inmediatos, sino también en referencia al modelo de país que prefijaba. Si el Cordobazo anticipaba como inexorable el triunfo de la lucha obrero estudiantil contra la dictadura, el vivorazo convocaba a pensar qué organicidad tendría ese proceso y qué papel adquirirían los grupos políticos que iban surgiendo en la resistencia.
Lejos de aceptar esta situación pasivamente, la dictadura compensaba su mayor debilidad de propuesta con más represión, aumentaba la presencia policial en las calles, recrudecía su discurso de único actor político y retomaba la violencia de la resistencia popular como argumento de su continuismo: ante la disolución social sólo las FFAA podrían garantizar la continuidad institucional.
Ante la falta de oferta democrática, comienzan a proyectarse dos sectores desde las mismas FFAA, el recambio "nacionalista", versión local del velazquismo peruano que tendrá su expresión en el gobierno de Levingston y el acceso de Ferrer al Ministerio de Economía y, como oposición, la salida liberal, que tendrá su consolidación con el advenimiento de Lanusse y su Gran Acuerdo Nacional.
Pero el sello distintivo de la época era la ausencia de los partidos tradicionales en el horizonte de recambios a la dictadura.
El radicalismo estaba ausente en los espacios de debate político, mientras sus escasas bases gremiales (en La Fraternidad en Bs. As., Luz y Fuerza en Córdoba) algunos sectores agrarios y estudiantiles en todo el país- se abrían al diálogo con las organizaciones armadas, sobre todo el PRT-ERP y evaluaban la violencia como alternativa posible a la falta de condiciones para avanzar en el reclamo por otras vías. Balbín aún no los atacaba pero empezaba a cocebir las ideas que, ya en el '74 lo llevaron a denunciar a la "guerrila industrial".
En el peronismo, la polémica se extendía entre los protagonistas de la resistencia ( la CGTA, la JP, la UNE y ya a fines del 71 las FAP y Montoneros), y los sectores residuales de los viejos aparatos político y gremial. Mientras los primeros pugnaban por traducir su desarrollo en formas de organización propias y renegaban de reconstruir formas partidarias que consideraban obsoletas, la vieja burocracia política y gremial retrasaba esta reconstrucción entrampada entre varias líneas de fuego: * las negociaciones con el "sector nacionalista" de las FFAA, * su temor a ser desbordadas por los nuevos actores del movimiento social, * su dificultad para entender la estrategia de lucha en varios frentes sostenida por Perón.
Lejos de erigirse en alternativa dentro del retorno a la democracia, Montoneros aún sustentaba en las acciones armadas su eje de crecimiento en militancia y apoyo popular.
Nuevos agrupamientos, surgidos del MALENA, de nueva militancia y/o las rupturas del PC y , como el es el caso del FAL, las FAR, la izquierda socialista, también sustentaban su convocatoria más allá de lo que denominaban "democracia formal". Las acciones armadas, destinadas a obtener fondos para infraestructura y armamentos o para reclamar por compañeros presos o desaparecidos, no eran presentadas como camino a otro gobierno democrático sino a un nuevo sistema, cuyos parámetros había que buscar en las formas de organicidad barriales, gremiales y estudiantiles que surgían en la lucha antidictatorial
Pero ninguno de estos sectores orientaba el movimiento popular, que seguía entregado a sus propios carriles y generando nueva militancia en una sucesión de experiencias tan ricas como poco saldadas. La máxima de Tosco en el '69: "ya no hay dirigentes", conservaba toda si vigencia.

EL MOVIMIENTO POPULAR

Si bien el vivorazo mostró una mayor participación de grupos organizados en el levantamiento popular, las luchas sociales conservaban como sello dominante su forma espontánea.
Las agrupaciones políticas eran utilizadas por esta marea como ayuda logística o aparatos de difusión antes que funcionar como formas de conducción de las luchas. Los dirigentes gremiales y estudiantiles discutían, a veces, los pormenores de la lucha con dirigentes de las organizaciones político militares, pero el encuadre y las formas de esas luchas terminaban respondiendo a sus determinaciones propias antes que a las estrategias que cada organización proclamaba. Tampoco estas experiencias terminaban de ser reconocidas en aquellas estrategias.
Si al constar con su apoyo los diferentes frentes de lucha abonaban el crecimiento en militancia de las organizaciones, rara vez los dirigentes naturales eran incorporados. Tosco, la mayoría de la directiva del SITRAC, los dirigentes de la CGT de los Argentinos, recorrieron mayores o menores acercamientos con los nuevos grupos sin llegar nunca a integrarse ni a incidir en sus propuestas.

FILOSOFIA Y LETRAS Y LA UBA

En la Universidad de Buenos Aires, el año '71 reconocía como referencia principal al Cuerpo de Delegados de la Facultad de Filosofía y Letras,
Dirección colegiada de todas las carreras de la Facultad, fundamentalmente de las mayoritarias: Psicología y Sociología, el Cuerpo de Delegados se presentaba a sí mismo como una alternativa a las formas anteriores de organización estudiantil: los Centros de Estudiantes y la FUA.
Las formas de Democracia directa presentes en el Cuerpo de delegados y la legitimidad de las revindicaciones que dieron lugar a su constitución, daban al esta estructura un respaldo estudiantil masivo, posibilitando que cada asamblea o movilización pudiera ser presentada como expresión indiscutida de todo el estudiantado.
Nacido al calor de luchas revindicativas, principalmente contra el cambio de orientación en la Carrera de Psicología, el Cuerpo de Delegados había integrado y obtenido la satisfacción de nuevos reclamos: * la legitimación de nuevas cátedras, * el cambio en el contenido las materias, la renovación de las formas de aprendizaje y evaluación.
En una combinación de Cordobazo y Mayo Francés, el estudiantado producía una renovación de las carreras humanísticas incorporando como material de estudio el Manifiesto de los Obreros de la Citroen de Francia, los escritos de Marighela, Camilo Torres, las FARC, el M19 y TUPAMAROS, junto a los volantes y manifiestos de todos los grupos argentinos. Paralelamente exigía y conseguía de los docentes la incorporación de "trabajos de campo" en villas y barrios obreros, las monografías y exámenes grupales, la evaluación conjunta.
En la ausencia de otros convocantes, las movilizaciones de Filosofía incorporaban activistas de los más diversos lugares.
Si bien al amparo de la movilización van apareciendo en F y L los correlatos universitarios de todas las organizaciones políticas, su dirigencia mayoritaria es independiente.
Se trata de nuevos y viejos activistas que enarbolan las bandera de democracia directa, críticas al reformismo y los partidos tradicionales, pero también una abierta polémica con los nuevos agrupamientos en su incapacidad para incorporar fenómenos tan diversos como esenciales: las nuevas tendencias culturales, el peronismo, la violencia como fenómeno de masas. Si el PC es cuestionado por su reformismo y el su concepción aislacionista del ámbito universitario, el FEN lo será por su ajenidad al estudiantado y su vinculación con sectores militares y el PRT- o las FAL- para generar formas de actividad legal, resultando en presencias fantasmáticas ante un estudiantado movilizado en forma masiva. Sin embargo, carentes de una estructura que los unifique, los dirigentes y activistas del Cuerpo de Delegados compartían una esperanza común: que alguna de las nuevas "formaciones político militares" sintetice una propuesta que les permita integrarse a una militancia global.
Tampoco el ámbito intelectual queda fuera del cuestionamiento del activismo: si bien tanto la Cátedras Nacionales como docentes de izquierda (Murmis, Portantiero, etc.) fueron inicialmente revindicados por su aporte de nuevos ejes de polémica y elaboración, los requerimientos de la acción van dejando atrás al cuerpo docente, que más bien es visto como acompañante en este proceso.
Con el avance en la obtención de revindicaciones, los ejes de discusión se van alejando de la cuestión universitaria. Pero en un primer momento la actividad no decae.
Cuando, tras la última marcha realizada por más de 4000 estudiantes, en junio del 71, el rectorado intenta detener el proceso cerrando la Facultad, el Cuerpo de Delegados convoca a dar clases en otras facultades. Al poco tiempo había incipientes cuerpos de delegados en Ingeniería, Odontología, Exactas, y hasta en El Salvador.
En solidaridad con el Sitrac Sitram intervenido, el Cuerpo de Delegados trae a Masera, Sufí y Visi para difundir sus luchas. Cuando se vuelven a Córdoba, se va con ellos la esperanza de encontrar una propuesta que canalice en la Facultad tanto activismo.
La Facultad de Filosofía es reabierta y la primera asamblea decide los actos del aniversario del asesinato del Che. Se discute si otra movilización única o múltiples actos relámpago. Ya en esta discusión aparecen los términos de la siguiente asamblea: la marcha única y convocada públicamente es presentada como una herramienta típica tanto de las líneas insurreccionales (PCR) como de las pacifistas (PC, PRT LA VERDAD).
Los independientes y los "prolongadistas" identificarán como expresión de su política a los actos relámpago sorpresivos con ataques a "objetivos". Si en el caso de los "prolongadistas" el razonamiento es sencillo de explicar, en el caso de los independientes, esta identificación se apoya en su planteo de democracia directa: los actos expresarían un nivel más alto de organización y lucha del estudiantado, mientras que las propuestas "pacifistas" implicarían un menosprecio del grado de conciencia alcanzado. El 8 de octubre, más de diez actos relámpago, realizados en la Ciudad de Buenos Aires por un millar de estudiantes, termina con ocho sucursales bancarias quemadas y unos treinta presos (sólo en uno de los actos hubo detenidos).
En la Asamblea posterior la polémica es situada en el terreno de la revolución en Argentina y Latinoamérica. Toda la dirigencia del Cuerpo de Delegados, con el apoyo de las agrupaciones cristianas, CEP-CENAP y la TAR, defiende las tesis de Guerra Popular Prolongada, aunque reconociendo los rasgos urbanos de la lucha en Argentina. Se trataba, en realidad de un intento de apelar a las tesis del Che y la revolución vietnamita para explicar la ausencia de alternativas al proceso inmediato, tanto en el ámbito universitario como en el país. El PCR, único defensor de las tesis insurreccionalistas, tampoco avanza en el problema: cierra su intervención con la consigna que sustentarán hasta el 73: ni golpe ni elección, insurrección.
Por primera vez, desde 1969, una asamblea de Filosofía termina sin propuestas de acción inmediatas. En un mes y de la mano de un nuevo decano -Serrano Redonet, peronista de derecha-, la Facultad se llenará de policías. El ejecutivo del Cuerpo de Delegados, virtualmente en la clandestinidad se irá dispersando al igual que buena parte del activismo. Buscarán nuevas alternativas en la inserción gremial o en la incorporación a las formaciones político militares.
En poco tiempo se los encontrará , en todo el país, en los cuadros intermedios y dirigentes de sindicatos, agrupaciones barriales y de las formaciones político militares. Más tarde poblarán las listas de desaparecidos, presos y exiliados, como testimonio del momento en que mayor paqrticipación del estudiantado en las luchas populares
Pero aún estamos en los '70: a mediados del 72 reaparecerá la acción política en F y L, pero con un nuevo actor: la JP, visiblemente ligada a FAR-Montoneros, crece como aglutinante y el "luche y vuelve" reunirá en un mismo espacio viejos y nuevos activistas.

Mario Burgos


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