| El Gran Acuerdo Nacional |
"Lanusse soñó con ser el nuevo Perón"
En esta entrevista el senador nacional Antonio Cafiero se refiere específicamente a las negociaciones destinadas a concretar el frustrado Gran Acuerdo Nacional y revela entretelones de su polémica entrevista con Lanusse.
- ¿Cuál es su caracterización del general Lanusse?
- Él se veía como el gran jefe militar capaz de lograr el consenso popular para la restauración del orden democrático. Estaba obsesionado por la imagen del general Perón porque en aquella época todos los militares que llegaban a coroneles o generales, por una especie de adicción buscaban qué hacer para emularlo. Lanusse apostaba a las formas democráticas, por eso después del período de transición de Levingston asumió el desafío convertirse en caudillo, para lo cual comenzó a adoptar actitudes conciliatorias hacia el peronismo. Creía que lo iba a convencer a Perón de que la forma de pacificar el país, era con un acuerdo similar al que en su momento hiciera con Frondizi, con él como candidato. En ese marco mantuvo entrevistas con dirigentes sindicales, entre ellos Adelino Romero, Rogelio Coria, y José Rucci. Lo cierto es que recién tomó conciencia de que Perón no era fácil después de la experiencia del contacto establecido mediante el entonces coronel Francisco Cornicelli. Pero también apeló a la intermediación de José Gelbard y de Jorge Daniel Paladino que se desempeñaba como delegado personal de Perón. A través de ellos intentó garantizar su estrategia, hasta que en las postrimerías del 72, asumió que la decisión de Perón de regresar al país era irreversible. A partir de allí continuó negociando, pero paralelamente intentó construir otra alternativa en la que jugaban un rol relevante el brigadier Martínez, y el radicalismo.
¿Cuál era su papel en esa etapa?
- Yo formaba parte del Comando Superior Peronista y allí procesábamos toda esa información, pero la voz cantante la tenía el general, y a través de él, Cámpora.
Por entonces crecía el cuestionamiento a Paladino como delegado personal.
Así es. Se decía que Paladino en vez de ser delegado de Perón ante Lanusse, era el delegado de Lanusse ante Perón.
¿Y usted que piensa de esa acusación?
Mire... Era un tipo que tenía mucho mérito. Un hombre de la resistencia que había jugado con mucha lealtad. Pero no puedo dejar de reconocer que lo veíamos proclive a aceptar con demasiada facilidad las presiones militares. En definitiva Paladino creía también que todo iba a concluir en un gran acuerdo. Rucci, por el contrario, lo toreaba a Lanusse, cosa que le gustaba mucho a Perón. Claro que en el movimiento obrero también había hombres que simpatizaban con Lanusse, como antes con Onganía. Actuaban con la vieja concepción de que peronismo y Ejército tenían que juntarse. Era una idea muy arraigada en algunos sectores de la dirigencia sindical.
Después, los cursos de acción imaginados por Perón siguieron su derrotero licuando el proyecto de Lanusse, situación que se agudizó a partir del anuncio concreto del regreso...
- Así es, las negociaciones entraron en cono de sombra hasta que se rompieron. Se jugó todo a suerte y verdad y este fue uno de los gestos más temerarios de Perón, porque, recapacitando sobre esa época, nosotros no teníamos ninguna seguridad de cómo iba a terminar el Operativo Retorno. Es que existía el antecedente de Río de Janeiro en 1964 que terminó mal, ya que se había partido de supuestos que no podían funcionar. El radicalismo en el gobierno no iba a aceptar nunca la presencia de Perón que le complicaba enormemente sus relaciones con los militares. Yo les decía a los radicales que Perón no venía a combatirlos, sino a fortalecerlos ante su escasa legitimidad. Pero su entrañable gorilismo les impedía entender este gesto que después tuvo su concreción en el abrazo con Balbín.
Y en la dirigencia partidaria, ¿existía una uniforme certeza acerca del regreso?
En nuestros conciábulos había compañeros que dudaban. Algunos hasta decían que era un salto al vacío. Fue así como se abrió una suerte de diálogo, no de negociaciones, con el poder militar. Mientras Cámpora era irreductible, hombres como Gelbard mantuvieron conversaciones oficiosas con ellos. Digo oficiosas porque Perón me dijo a mi en Madrid: "Mire Cafiero, la premisa es que con los militares nadie negocia. El único que puede hacerlo, llegado el caso, soy yo".
En aquellos momentos usted fue protagonista de una situación muy particular con Perón.
Es verdad. fue un episodio muy lamentable. Y con el correr del tiempo pienso que hice lo que debía hacer. Cuando arribé a Madrid, Perón me encomendó que, junto al "Chango" Funes redactara los 10 puntos de la conciliación nacional. Se fijó un día, creo que era el 5 de octubre, para finalizar la elaboración. Perón pensaba ofrecerles ese documento al país y a las fuerzas armadas y presentarlo simultáneamente. Cámpora lo iba a llevar a la Casa de Gobierno y él convocaría a una conferencia de prensa internacional para anunciar al mundo la decisión que había tomado. Allí empezó mi protagonismo. Estaba en la casa Puerta de Hierro, cuyo portero e introductor era López Rega que señalaba quien podía entrar y quien no. Como por prudencia no me gustaba mostrarme mucho me ubiqué lejos de la cabecera de la mesa, donde Perón estaba rodeado de esas grandes cámaras de la época y acompañado por López Rega, entre otros. Me llamó y tuve que cruzar la fila de los periodistas. A medida que avanzaba Perón me iba presentando como el hombre que tenía preparados los planes de gobierno para cuando regresáramos al poder. Cuando ya estaba llegando a su lado le ordenó a López Rega que se levantara y que me dejara el lugar a mi. Después éste leyó los puntos, mientras los fotógrafos registraban las escenas. Una de esa fotos, en la que estaba junto a Perón despertó la sospecha de que yo era uno de los candidatos en carrera, cosa que era cierta como me lo confirmó al día siguiente. Obviamente la cuestión quedó así. Después volví a la Argentina y cuando llegué a Buenos Aires me di cuenta de que era objeto de curiosidad y expectativa. Con el correr de los días se desató una guerra de intrigas y versiones que hablaban de un atentado al charter que traería a Perón. Tras una ronda de consultas con Miguel y Rucci, entre otros, aceptó una invitación para concurrir a Olivos a fin de abordar el tema en las más absoluta reserva. El día anterior, había recibido un llamado del secretario de Difusión, Edgardo Sajón, dónde me pedía hablar un par de palabras. Eso me tendría que haber disuadido de asistir. Sajón me repitió los argumentos en danza, que yo rechacé de plano y me fui con una bronca de aquellas. Ya en Olivos, el domingo a al mediodía y con las reservas del caso, me encontré con Lanusse y le aclaré que concurría para disipar las dudas que él tenía sobre el sentido del regreso de Perón. Inmediatamente me refutó que era una gran mentira, que ni Perón ni Campora iban a volver al país y que le llamaba la atención que un hombre sensato como yo se lo tragara. Entonces lo interrumpí y le pregunté si sabía que Cámpora llegaría a las l7.l5 en un vuelo de Iberia y que Perón viajaría en ese avión. "Yo vengo para hablar de eso y no de otra cosa", le manifesté. Antes de que terminara comenzó a gritar que no iba a permitir que la negrada le hiciera un nuevo 17 de octubre. Como insistía con sus argumentos le anuncié que me retiraba, y me pidió que me quedara porque iba a convencerme de que se trataba de un error histórico. Le insistí en que había acudido con otros fines y no teníamos nada más de que hablar. Volví a casa loco, loco, mientras me decía ¡Dios que metida de pata!. Bueno, dejé pasar el incidente, esperando que no trascendiera. El martes siguiente, Lanusse reunió a todos los generales de la guarnición de Campo de Mayo y les dijo: "Acá se esta hablando del regreso de Perón , es una maniobra más. Si hasta me vino a ver Cafiero y me ha dicho que él no cree en eso". Posteriormente se distribuyó un parte mimeografiado con sus declaraciones. Lo que pasaba era que Lanusse también había comprado la versión de que yo era el candidato, por lo tanto había que destruirme. No tiene otra explicación.
- No se puede soslayar en el relato histórico que un importante sector de la dirigencia sindical se inclinaba por Cámpora y no por usted.
- Si, los muchachos buscaban a alguien del sector. Se produjo el regreso, y en las conversaciones con Perón en Gaspar Campos percibí que el diálogo ya no era el mismo. Después, cuando sus hombres m s cercanos se interiorizaron del encuentro en Olivos, la situación se modificó, y me dijo que había cometido un error y que entre Lanusse y yo, confiaba en mí. En una de las conversaciones con el general le señal que l era el único que estaba en condiciones de asumir la presidencia: "No mire más, ni a mí ni a ningún otro, esto lo arregla usted o no lo arregla nadie", le puntualic. En el interín le envi una carta pública a Lanusse, donde conté todo lo que le dije a usted y la rematé con una dura acusación: "Usted siempre fue un traidor. Un hombre sin palabra, sin honor".
Carlos Eichelbaum
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